Cámara Kodak Pocket Instamatic 200 con luz cálida y libros

La cámara de papá: el origen de todo

El día que la cámara volvió a mis manos

El primer día del año 2026, mamá me dio la cámara de papá: una Kodak pocket INSTAMATIC 200. La había pedido cuando él falleció, hace ya casi cinco años. La tomé con la misma emoción que cuando era un niño. La miré un corto tiempo, tal vez segundos, pero en mi mente pasaron todos los años de espera añorando esa pequeña cajita.

Tenía un rollo sin terminar, por la pequeña ventanilla se veía un 6/24. Abrí el lente, apunté a una escena de una de mis hermanas y mi sobrina y un pequeño clic metálico sonó. Corrí la cejilla que cambia el fotograma y pasó de 6 a 21: los años siempre pasan factura.

Mi padre, el fotógrafo familiar

Mi padre era aficionado a la fotografía; esta cámara ya tenía cientos de disparos cuando la vi por primera vez, casi desde que tengo memoria. Él era el fotógrafo familiar, no por consigna, sino por decisión.

A unas cuadras de nuestra casa había un enorme local de equipo fotográfico que hoy ya no existe. Recuero llegar con él y pedir un rollo 110 y un par de flashes, que para aquellas cámaras eran unos pequeños cubos plateados y desechables (Magicubes)… no recuerdo para qué evento lo necesitábamos, pero sé que fue la última vez que usó la pequeña Kodak. Yo tendría unos seis o siete años en ese momento.

El fotógrafo invisible

El archivo fotográfico de la familia tiene decenas de fotos de mi mamá, mis hermanas, fiestas familiares, tíos y tías sonrientes, niños jugando, algún momento de tragedia infantil como aquella vez que se me escapó mi globo y volví únicamente con el hilo que lo sujetaba. Como era de esperarse, mi padre casi nunca sale a cuadro, pero sabemos que es su visión la que hizo que esos momentos perduraran.

La cámara como origen

Nunca me pregunté por qué mi papá había dejado de hacer fotografía; hoy deduzco que fueron los altos costos de las películas. Afortunadamente su distanciamiento con la cámara no impidió que conservara esa pequeña Kodak, una cajita que documentó gran parte de nuestra vida familiar y que fue el origen de mi pasión por la fotografía.

Qué era realmente la Kodak Pocket Instamatic 200

Un objeto sencillo para una vida cotidiana

Mi curiosidad por saber la historia de esta cámara me hizo investigar en sitios especializados de internet. Descubrí que la Kodak pocket INSTAMATIC 200 realmente es una cámara no solo especial para mí, sino un poco rara para el mercado.

Se produjo en Reino Unido y Alemania oficialmente desde 1972 y hasta 1974. La cámara tiene un sencillo objetivo fijo de 25mm con apertura única de f/11, suficiente para documentar nuestra vida familiar.

El sitio Collection Appareils menciona dos únicas velocidades de obturación: 1/40 y 1/80 que se eligen mediante un switch en la parte superior de la cámara que tiene un ícono de selección, modo día y noche. Esta Kodak usaba películas 110, que daban como resultado fotogramas de 13x17mm.

Aunque no encontré información muy exacta en cuanto a los lotes de producción, sí descubrí que las primeras pocket INSTAMATIC 200 tienen el botón del obturador en color negro, después también habría versiones con el botón rojo y azul, así que la cámara de mi padre tiene posiblemente 54 años, 19 años más de lo que he vivido al día de escribir esta entrada.

Custodia, espera y silencio

Desde que era niño, esta cámara no era un juguete, era una reliquia familiar, un objeto de culto usado en momentos especiales. Después de que mi papá se alejara de la fotografía, la custodia pasó a manos de mi hermana de en medio y luego de muchos años, me convertí en el guardián.

Mucho tiempo la vi de lejos, como si fuera una pieza de museo. Abría el viejo cajón de madera que la contenía y la admiraba en secreto, soñando con el día que pudiera hacer fotografías con ella.

Recordar sin saberlo

Como muchos sueños de infancia, quedó en el olvido, o mejor dicho, en mi subconsciente… ya en la adolescencia, cada que me encontraba frente a una fotografía que me gustaba, cada que veía equipo fotográfico, algo dentro de mí se encendía, pero no fue hasta la universidad que tuve una cámara en mis manos.

Desde entonces no solté a la fotografía, y aunque no lo creas, no recordaba de dónde había nacido mi amor por este arte. Muchas veces, a mi ahora esposa, le decía que no entendía porqué me gustaba; el subconsciente lo tenía fresco, pero mi consciente no.

Cuando el recuerdo se revela

No fue hasta que mi mamá me dio la vieja Kodak que, como por arte de magia, los recuerdos que aquí te cuento (y muchos más) pasaron en un segundo ante mis ojos.

Lo que una cámara puede heredar

Las visitas a la tienda de fotografía, los rollos usados, los negativos, las texturas y aromas, las dedicatorias detrás de cada revelado y la conexión que, sin quererlo ni planearlo, mi padre creó conmigo a través del arte de la fotografía, una forma de expresión que inmortaliza lo efímero y hace que lo que mira nuestra alma sea un testigo de nuestra existencia.


Bibliografía

Mis cámaras de colección. (2019, abril). Kodak Pocket Instamatic 200.

Collection Appareils. (s. f.). Kodak Pocket Instamatic 200.