La Monja, una película que sigue la tendencia de las escenas en completa oscuridad

«Aquí termina Dios», una frase que hiela la sangre de quien la lee al final del oscuro pasillo lleno de cruces y neblina, pero es la única opción que le permitirá a las monjas detener de una vez por todas el mal que las ha estado matando: solo una de ellas entra, pero nadie sale. La Monja, de Corin Hardy, una película que sigue la tendencia de las escenas en completa oscuridad, lentas y estresantes.

Una joven novicia es requerida por el Vaticano para investigar el suicidio de una monja que pertenecía a una alejada abadía en medio de un bosque maldito de Rumania (hasta aquí todo bien, el país de Drácula siempre es un buen lugar). Para esta travesía, los clérigos la hacen acompañarse de un padre con experiencia en casos «especiales». Nada más llegar al claustro, nuestros protagonistas son recibidos por la fuerza demoniaca que está decidida a tomar posesión de sus vidas a cualquier costo.

Muy bien, si llegaste hasta aquí quiero felicitarte, pues es probable que decidas no gastar tu dinero en esta película. Empezamos bien, una introducción muy oscura, muy estresante, que promete y deja la vara muy en alto para recibir a nuestros protagonistas.


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Una vez llegan al lugar, guiados por un campesino, para revisar el cuerpo de la monja suicida, los religiosos encuentran el cadáver sentado en una banca, la expresión del mozo es obvia, él no había dejado el cuerpo en esa posición. La toma se acerca más y más y el sonido se eleva y se incrusta en tus oídos logrando ese momento de tensión tan desagradable (en el sentido ¿positivo?) cuando el padre está a punto de tocarla  que te arrepentirás de haber entrado a ver la película, todo indica que te perturbará.

El filme inicia con un ritmo fuerte, tanto que el director no tuvo el vigor para mantenerlo todo el tiempo. Siempre he reconocido que los jumpscares asustan sí o sí, pero en esta película no funcionan, son tan débiles, simples y poco impactantes que no provocan más que un ligero sobresalto, nunca llegan a causar tensión y las razones saltan a la vista. En la primera media hora de la película nuestro joven guía libra una batalla con un zombi (no es spoiler, lo dice la sinopsis del cine) lo que te hace saber que todos los cuerpos en algún momento podrían saltar de su descanso eterno.

Y ahí su error más grande, La Monja se desarrolla en medio de una especie de batalla zombi, abandonando el género de horror y suspenso para pasarse al de la acción, A ratos, los diálogos y los encuentros con los zombis dan la sensación de estar viendo Ash vs. the Evil dead y no la promesa del cine de horror del 2018 que nos vendieron en principio.

La Monja pudo haber sido mejor, lo tenía todo, una locación terrorífica, una historia que pudo haber sido interesante, un mexicano y la brujita de AHS Coven, pero fracasó. Como película de horror pudo competir con La Momia, aquella donde veíamos a Brendan Fraser luchar contra momias egipcias y creo que podría perder la pelea.

Una historia insípida con actuaciones decentes en increíbles locaciones y con una fotografía que no decepciona, que asusta en contados momentos y que causa tensión la primera mitad de su duración pero que es arruinada por la batalla zombi y por un desenlace sin sentido que probablemente intenta justificar una segunda parte. Como recomendación, debe ser vista en los días de 2×1 o si no se tiene nada más que hacer.