¿Qué pasa cuando miramos a la muerte bajo el ojo nostálgico? Concebida como un baúl de viejos recuerdos, de una vida llena de actividades, momentos, familia, amigos, que podemos sacar justo antes del deceso de un ser querido. ¿Cómo se percibe entonces? Arnoldo Kraus, en Recordar a los difuntos, nos enseña el resultado.
Nadie conoce las razones por las cuales los cerebros maltrechos avivan pasados enterrados. Pienso: atarse al pasado es necesario. Pienso: cuando cerebro y vida decaen, vivir y revivir el pasado abraza, redefine espacios de la vida que se fue y de la vida presente.
Recordar a los difuntos
Sinópsis
Arnoldo Kraus, médico clínico y escritor del libro, escribe sobre Helen, su madre casi nonagenaria, y sus últimos días de vida. A través de las páginas leemos cómo le abandona la vida a través de la nostálgica mirada literaria del escritor combinada con su conocimiento médico hasta llegar al momento de su fallecimiento.
Comentario
¿Cómo se le recuerda a los difuntos? Arnoldo Kraus lo entiende a través de Helen, su madre de 89casi90años, la observa con notable añoranza, con deseos de volverla a ver llena de vida. A lo largo de las páginas el autor escucha a su madre preguntar por sus difuntos «¿dónde está Anchul?», su hermano asesinado durante el nazismo, «¿cuándo va a venir tu padre?», quien lleva muerto ya varios años.
Arnoldo captura la esencia de las preguntas, de las acciones y les otorga una razón de ser casi poética: Helen recuerda a sus difuntos para no irse, intenta buscar a sus difuntos para anclarse a este plano existencial.
La mayoría de las personas tenemos nuestra Enciclopedia de los difuntos. La abrimos, la cerramos, la hojeamos. Por sus páginas deambulamos contentos, tristes, en busca de la letra precisa…
Recordar a los difuntos
Un ritual que hoy parece algo que no corresponde a nuestros tiempos, Helen busca en su agenda números de teléfono, escoge uno, uno que no esté tachado, casi todos lo están, las personas tachan un número cuando la persona muere. Toma el teléfono, llama…nadie responde.
Al pasar de los capítulos, Arnoldo es quien más recuerda, tal vez de los dos, quien más lo necesita para lidiar con el dolor de ver la vida de su madre escaparse de sus manos. Lo ayuda a enfrentarlo, nos ayuda a comprenderlo y logra una obra literaria exquisita al rededor de la muerte.
La pluma nostálgica de Kraus cautiva a tal punto que él mismo, una vez muerta su madre, no puede liberarse de su hechizo, no es capaz de ponerle punto final a su obra y nos entrega capítulos «sin el aura» que tenían los que escribía sobre la vida de Helen.
El olor a muerte se percibe en sus letras, «la magia abandona su pluma»: en cualquier otro libro esto podría calificarse de un «mal final», pero, el acompañar en su dolor a Arnoldo y vivir la pérdida de Helen, nos hace comprender estos «malos capítulos finales» como el momento más devastador del duelo del escritor, dolorosamente, convirtiéndolo en un gran PUNTO FINAL.
Los últimos minutos que antecedieron al final fueron largos para quienes la acompañamos, cortos para ella. Poco a poco fue cayendo: la cabeza se ladeó, entreabrió la boca, abrió los ojos y miró sin mirar, después los cerró, el corazón dejó de latir poco a poco…
Recordar a los difuntos


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