¿De verdad estás eligiendo lo que escuchas?
Hace un par de meses escribía una entrada donde trataba de describir el buscar tu propia música y no dejárselo al algoritmo como un acto de rebeldía. En ese momento, reflexionando sobre mi pasividad al buscar mi propia música de forma consciente, me di cuenta que debía hacer algo y me propuse empezar a buscar nuevos artistas.
La trampa del algoritmo disfrazado de descubrimiento
Según mi Wrapped de Spotify del 2024, descubrí más de 100 nuevos artistas, de los cuales realmente no recuerdo sus nombres ¿por qué? escuchar por escuchar…
Intenté buscar mi propia música dentro de Spotify, pero no llegaban los artistas que me hicieran vibrar. Usaba el método de siempre, ir al perfil de una banda que me gusta, buscar los artistas relacionados y cliquear al que más me llamara la atención, pero algo no terminaba de encajar, siempre volvía a lo mismo de siempre: The Misfits, Megadeth, Metallica, Iron Maiden, Black Sabbath…
No trato de decir que esté mal tener bandas o artistas favoritos, pero mi propósito era encontrar nueva música y estaba fallando: abandoné el «proyecto».
Hace poco estaba escuchando un episodio de Horrorama, un podcast de cine de terror conducido por Mike Sandoval y El Dengue, dos millennials aficionados al cine que también crecieron en una época muy similar a la mía, les tocaron los cassettes, los CDs y seguramente conocer a nuevas bandas por recomendación.
La música como identidad: lo que fuimos y lo que queda
Si bien, para la cultura en general la música es muy importante, para la mayoría de los millennials y generaciones previas es fundamental. La forma en la que escuchábamos música es muy distinta a la de generaciones más recientes, a nosotros nos tocó escuchar formatos físicos, tener el cassette y el CD en nuestras manos, disfrutar el espectáculo visual de tu estante lleno de álbumes selectos que reproducíamos una y otra, y otra vez.
La cultura musical era visible a los ojos materializada por subculturas, había punks, rockeros, metaleros, skatos, rastafaris, cada tribu urbana representaba pensamientos propios y encontraba una forma de expresión en la música, tanto para quienes aspiraban a ser músicos, como quienes eran escuchas.
Hoy en día siguen existiendo contraculturas, pero significativamente en menor medida, es la época del mainstream, de las tendencias, de la afición a escuchar la música de tu artista favorito en lo que dura un video de Tik Tok ¿quién escucha un álbum completo? o más aún ¿cuántos nuevos artistas lanzan álbumes completos en lugar de temas aislados?
¿Dónde quedaron los álbumes como obras completas?
Antes, un álbum intentaba ser una obra de arte, y digo «intentaba» porque no pretendo romantizar la música que escuchamos los mayores de 30 años, siempre han existido sus excepciones. Un álbum se pensaba al igual que un libro, con una intensión y una historia detrás, hoy en día es más común lanzar temas aislados que álbumes completos.
Si discrepas conmigo, no me mires como el señor amargado que se la pasa diciendo que «en mis tiempos todo era mejor», no, solo intento describir la diferencia y trato de hacerlo de forma objetiva. No digo que la música de ahora sea basura (aunque como dije anteriormente, siempre habrá sus excepciones), solo que la forma de escuchar música se transformó, mas lo que sí critico es el dejarle nuestro libre albedrío musical al algoritmo.
Bandcamp: el bar indie donde eliges qué escuchar
¿A dónde quiero llegar? bueno, en ese episodio de Horrorama, de alguna forma abordan este tema, siendo más específicos, de la manera en que escuchan música ambos locutores y mencionan Bandcamp como su fuente de descubrimientos musicales.
Bandcamp es, en esencia, una especie Spotify para músicos independientes con una filosofía empresarial en pro de los músicos. A diferencia de otras plataformas de streaming, Bandcamp está pensada y centrada en sus artistas, desde darles al rededor del 85% de las ganancias generadas, hasta ofrecerles micro sitios personalizados, un e-commerce donde pueden vender sus álbumes físicos y merch, así como los llamados Badcamp Fridays, en los que las ganancias de ese día van íntegramente a los artistas y lo más importante, está libre de algoritmos.
No es que Bandcamp reemplace, es que te hace buscar
Entré a la plataforma, la probé unos días y descubrí artistas que me gustaron bastante; fue cuando empecé a compararlo con Spotify. Primero busqué al mismo artista que escuchaba en Bancamp en la plataforma sueca y ¡sorpresa! también estaba en Spotify, entonces ¿por qué nunca llegué a ella?
Puse más atención en las recomendaciones que aparecían en mi feed, Ozzy Osbourne, Motörhead, Behemot… lo mismo de siempre. Iba a mi descubrimiento semanal y encontraba Vader, Sodom, Rotting Christ… lo mismo de siempre y que a ver, no está mal, son bandas que me gustan pero ¿dónde está el descubrimiento real?
Sí, había algunas recomendaciones que acertaban, pero en su mayoría o eran una banda que no tenía nada que ver con mis gustos musicales o pistas que metían evidentemente por mera publicidad, pues me llegué a encontrar a Aria Bela, Yeri Mua, Peso Pluma y Bad Bunny en mis recomendaciones cuando nunca los he siquiera buscado en mi perfil y que se supone que no debería aparecer publicidad, pues pagaba una suscripción.
Fue cuando me empecé a plantear la idea de dejar Spotify tras 8 años de pagar una suscripción mes con mes y mudarme a Bandcamp, aunque… no funcionó. Resulta que esta última es más bien para apoyar a tu artista favorito o en otras palabras, no es realmente competencia directa de las plataformas de streaming, por la forma en la que está diseñada, da la impresión que es un bar local en donde se presentará un artista emergente y acudes para escuchar su setlist o como visitar un bazar donde los artistas atienden su propio stand, esto ayuda a crear un vínculo más íntimo con los artistas, además, todo se siente muy vintage, es como regresar a MySpace de alguna forma.
Por otra parte, los servicios de streaming más bien parecen infinitos estantes en fríos pasillos donde están archivados miles de pistas que puedes escuchar o acudir a un empleado que te recomendará lo que le han dicho que debe recomendarse en ese momento: «Bienvenido a Spotify, nuestra recomendación del día es The Clash, Sex Pistols y The Go Getters»
Reitero, no digo que unos servicios sean mejor que los otros, simplemente son experiencias distintas para distintos tipos de personas, una elige por ti y la otra te obliga a resistirte al algoritmo.
Apple Music no es perfecta, pero me devolvió la chispa
Como mencioné, Bandcamp no sustituyó mi Spotify, así que busqué a uno de sus competidores natos: Apple Music. Si bien podrías pensar que es un poco de lo mismo, la realidad es que la experiencia ofrecida es distinta, empezando por la calidad de sus pistas, donde Spotify se queda atrás (al día de subir esta entrada).
La música es parte fundamental de mi vida, sí, pero no me considero un audiófilo, así que pensé que este punto no sería un diferencial, creí que tampoco sería una diferencia perceptible, pero me equivoqué, realmente la calidad de audio se nota y eso que no uso un conversor de señal digital a analógica para acceder a la calidad más alta que ofrece Apple, uso su calidad llamada Lossless: 24 bits/48 kHz.
Mas eso no fue lo importante, noté que la experiencia que te ofrece Apple Music se siente más diseñada para el usuario, en unas pocas semanas de uso, ya me ha recomendado bandas que nunca había escuchado y que me han gustado mucho. Sí, también me recomienda lo clásico, pero se siente mucho más equilibrado.
Su buscador está libre de artistas intrusivos que aparecen solo por la ayuda del algoritmo y dicho sea de paso, el diseño me parece mucho más bonito y cuidado, aunque esto ya es muy subjetivo y personal.
Una plataforma no lo es todo, pero puede ser el comienzo
En fin, me di cuenta que empecé a buscar activamente nueva música, nuevas bandas, hay algo en el cambio de plataforma que me motivó a hacerlo. Hace poco, hablando con un amigo sobre fotografía, siendo más preciso sobre la fotografía hecha con cámara vs el móvil, yo me resistía a la idea de utilizar solo un móvil, pero entendía que no siempre se puede llevar la cámara y mi amigo me decía «es mejor tener una foto con un móvil que no tenerla» ¡vaya que tiene razón!
Pero también exploramos la idea de que, si el móvil no te invita a hacer fotos, de nada sirve. Te cuento esto porque creo que me sucedió lo mismo con Spotify, de nada me servía tenerlo si ya no me invitaba a buscar nuevos artistas, a curar nuevas listas, a explorar viejas discografías, algo que conseguí con Apple Music.
Resiste al algoritmo: la música también es una elección
No, no digo que cambies tu servicio de streaming, más bien, retomando mi entrada anterior, lo que quiero es invitarte a no seguir lo que el algoritmo ordena, es un llamado a la resistencia de la forma del consumo digital y a la elección consciente. La música es una forma de expresión cultural y si solo escuchas lo que te dicen que debes escuchar, estás cediendo una pequeña parte de tu libre albedrío.
Apple Music, Spotify, Tidal, Dreezer, Bandcamp, no importa, mientras la música que elijas escuchar, sea, valga la redundancia, de tu elección y no de «algo» que te ha dicho que eso es lo que te debes escuchar «basado en tus gustos».


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