Lápiz sobre fondo oscuro simbolizando el regreso a la escritura personal en un blog

Cinco cosas que reaprendí al volver a escribir en mi blog

Siempre me sentí más cómodo al expresarme a través de la escritura y la fotografía, pero como creador de contenido parece que tienes que adaptarte y hacer lo que está en tendencia: videos cortos, formatos verticales y trends.

Estar tanto tiempo intentando crecer en redes sociales me hizo perder el camino. Empecé a medir mi éxito en alcance y la calidad de una fotografía en el número de “me gusta”. Cuando una imagen tenía cero interacciones, la pregunta era inevitable: ¿de verdad es tan mala?

Llegué a un punto en el que publicaba sin motivación, solo por estar presente. Ya ni siquiera encontraba una buena descripción para acompañar cada post.

No obstante, no puedo dejar de crear.

Decepcionado de las redes sociales, volví a mi blog. Y mientras redactaba una nueva entrada, recordé cuánto me emociona escribir en mi propio sitio: maquetar, revisar una y otra vez para encontrar errores (aunque siempre se escape alguno) y ver el resultado final publicado.

Eso me devolvió el ánimo. No solo para seguir escribiendo, sino para buscar a otros autores que siguen creando desde la vieja escuela del blogging: textos que no quieren venderte algo, sino compartir una idea, una reflexión o simplemente algo que leer antes de dormir.

Llevo ya cuatro o cinco meses activo en este blog y, en el proceso, no solo recordé porqué el formato escrito me gusta tanto, también reaprendí algunas cosas y ordené otras tantas.

Aquí comparto las que considero más importantes.

Cuaderno abierto en blanco sobre un escritorio, símbolo del proceso de volver a escribir y reflexionar

1. Volví a pensar la fotografía en horizontal (y en intención)

Las redes sociales impusieron el formato vertical. Al principio, fotógrafos y filmmakers no estuvimos muy de acuerdo, pero poco a poco adoptamos la costumbre de girar la cámara noventa grados… hasta que se volvió un acto reflejo.

Cuando retomé el blog, noté algo evidente: tenía pocas fotografías horizontales para usar como portada. La mayoría eran verticales.

Eso me llevó a disparar de nuevo en horizontal.

Y una vez que dejé de pensar obligatoriamente en una composición vertical, recuperé algo que había perdido: la intención del encuadre.

Hoy uso ambos formatos según la escena y lo que quiero transmitir, no según lo que el feed exige.

2. Dejé de pensar en algoritmos y volví a pensar en el mensaje

Cuando te obsesionas con agradar al algoritmo, moldeas tu contenido para encajar. Y ese proceso puede cambiar por completo lo que querías decir.

Lo maravilloso de crear contenido en un blog es que es tuyo.

Son tus reglas. Nadie viene a decirte qué funciona y qué no.

Cuando quitas esa presión de tu cabeza, todo fluye mejor. Empiezas a pensar más en el mensaje que en la métrica. Más en lo que quieres decir que en si “va a funcionar”.

3. Descubrí que los blogs no están muertos (solo están «ocultos»)

Una de las primeras cosas que hice al retomar el blog fue buscar otros espacios afines. Empecé con listas en Google y me encontré con lo mismo de siempre: casi todos intentaban vender algo.

¿Ya nadie escribe por la necesidad de ser leído?

Dejé Google y empecé a buscar en WordPress.com, Substack, Medium e incluso pedí ayuda a ChatGPT para encontrar autores afines a mis intereses. Así armé una lista bastante decente de blogs a los que incluso me suscribí.

Mis tres favoritos del momento

Descubrí que existen inadaptados digitales que se rehúsan a seguir tendencias. La consecuencia es clara: no aparecen en tu feed. Hay que ir a buscarlos, tocar puertas, leer con calma y disfrutar cuando los encuentras.

4. Me obligué a desarrollar ideas que no caben en un solo post

En redes sociales, había ocasiones que ya no sentía la necesidad de escribir una descripción que acompañara una fotografía; sabía que no era relevante.

Verían la foto, quizá dejarían un “me gusta”, y seguirían deslizando.

Volver al blog me obligó a desarrollar ideas más largas. A pensar en textos con inicio, desarrollo y cierre. A escribir sabiendo que quien llega aquí no viene solo a ver fotos, también a leer.

Y lo mínimo que puedo hacer por alguien que se detiene en mi sitio es ofrecerle una entrada que le deje algo.

5. Rescaté mi voz de entre el ruido

No escribo esto para decir que las redes sociales estén mal, ni para convencer a nadie de abandonarlas (yo no lo he hecho). Solo para recordar que el camino del creador de contenido no siempre pasa por ahí.

Escribir en mi blog fue, durante muchos años, lo que más disfruté como creador. Probé otros formatos, otras plataformas, otras dinámicas, pero nunca encontré la misma satisfacción que al publicar una entrada.

Al alejarme del ruido y del scroll infinito, recuperé algo que había dejado de escuchar: mi propia voz.

Y hoy, escribir y compartir mis fotografías aquí, vuelve a sentirse como casa.