Molino manual de café y granos sin moler sobre fondo negro, como parte de un ritual pausado lejos del uso del móvil

El ritual del café (y lo que pasa cuando dejas el móvil a un lado)

El café antes del ritual

Hasta hace un par de semanas, mi relación con el café era simple, meramente funcional.

Ponía algo de café pre molido en la canastilla de la clásica cafetera de goteo, llenaba el contenedor con agua, la encendía y esperaba a que se llenara la jarra mientras aprovechaba para preparar mi maleta para ir a trabajar.

Tenía un par de cafés favoritos. Me gustaba el sabor intenso, amargo. Creía que así debía saber mi taza, aunque siendo honesto, el resultado nunca me importó demasiado.

Mi esposa tenía una moka italiana que usé una sola vez, pero no conecté. Me parecía un proceso muy “complicado” para mis necesidades. No tenía tiempo para estar pendiente del fuego.

La curiosidad (y la segunda oportunidad)

¿Has sentido esa curiosidad repentina por hacer algo sin una razón aparente?

Eso fue exactamente lo que me pasó con la moka italiana.

Busqué un par de tutoriales en internet. No tenía molino ni café de especialidad. Solo la moka y el mismo café pre molido que usaba en la cafetera de goteo.

Seguí los pasos básicos:

  • Precalenté el agua
  • Llené la moka casi hasta la válvula
  • Llené la canastilla con café (sin comprimir, solo nivelando)
  • Cerré la moka y la puse al mínimo de fuego
  • Esperé

Corté justo cuando la mayoría de tutoriales lo recomienda: antes del borboteo intenso.

Serví el café y lo probé.

Era más intenso, tenía mucho cuerpo y, por alguna razón, esta vez sí disfruté el ritual. Como suele pasar con las cosas que despiertan mi interés, me obsesioné.

La obsesión (bien entendida)

Compré una moka italiana Bialetti de 3 tazas y un café pre molido “adecuado” con el que me propuse aprender lo más que pudiera.

El primer café sabía distinto: se distinguían notas de chocolate y caramelo. Los siguientes, en cambio, solo sabían amargos.

Pensé que era culpa mía, hasta que investigando entendí algo básico: el café industrial no es de la mejor calidad y un café viejo suele saber amargo.

Así que pedí un molino, una báscula, una prensa francesa (aprovechando) y busqué café de especialidad.

Mientras llegaba todo a casa, leí lo más que pude sobre recetas para la prensa francesa y la moka italiana.

El ritual completo

Cuando por fin tuve todo el equipo, simplemente puse en práctica lo que había aprendido.

Pesé los granos con cuidado.

Los rocié ligeramente con agua para reducir la estática en la molienda.

Los puse en el molino y comencé a girar lentamente la manivela.

El sonido de los granos al moler es profundamente placentero. El aroma del café empieza a invadir la habitación casi de inmediato.

Calenté agua en la tetera. Antes de llegar al punto de ebullición, puse un poco en la prensa francesa para precalentarla.

Vacié el agua, añadí 20 gramos café molido, vertí 100 mililitros de agua y dejé reposar un minuto.

Luego agregué 220 mililitros más y esperé tres minutos.

Mientras esperaba, el aroma se volvía cada vez más intenso.

Cuando estuvo listo y lo probé, supe que difícilmente podría volver al café comercial.

Algo más que café

Llevo apenas un par de semanas en el mundo del café de especialidad, pero noté algo que va más allá del sabor (y del postureo).

Mientras preparaba mi taza, dejé de mirar el móvil a cada minuto.

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo sin estar pendiente del teléfono?

El estilo de vida actual casi exige la dependencia digital. Desbloquear el móvil se ha vuelto un reflejo, incluso cuando la bandeja de notificaciones está vacía.

No busco una especie de superioridad moral. No se trata de rechazar las redes sociales, sino de no depender de ellas; de no vivir con la atención esclavizada por el feed y aprender, de vez en cuando, a estar completamente presente.

Pequeñas fugas del scroll infinito

En este mismo intento por escapar del ruido, volví a mi Kindle.

Empecé a buscar blogueros que tuvieran algo que decir.

Regresé a escribir sin el objetivo de agradar al algoritmo.

Fotografíe por expresión y no por alcance.

Y ahora, encontré en el café de especialidad, un nuevo ritual que me permite (literalmente) saborear mejor los momentos.

Volver a estar presente

Salir de la enajenación del scroll infinito, conectar con la realidad y disfrutarla se ha vuelto una prioridad para mí.

Pronto nacerá mi hija y, con estos nuevos rituales, siempre imagino el día en que pueda compartirlos con ella.

No como reglas ni discursos, sino como momentos, como herencia.

Porque al final, no se trata de café, ni de lectores electrónicos, ni de cámaras.

Se trata de aprender a estar presentes… antes de que el momento pase.