Esta Canon Rebel T3 tiene unos catorce o quince años conmigo. Mis padres me la compraron para mis materias de fotografía de la universidad.
Siempre quise una cámara. Teníamos una Kodak para uso familiar, pero los rollos eran demasiado caros para que un niño jugara con ella.

Jamás voy a olvidar cuando llegó el día de ir por ella, entrar a la tienda, ver decenas de cámaras con lentes de todos tamaños, apiladas en estantes bajo luces cálidas… es mágico.
Salí de ahí con mi primera Canon y con la idea de hacer miles de fotografías.

No sé cuántas veces presioné el obturador de esa cámara, pero sé que fueron las suficientes para saber que era una de mis formas de entender el mundo y también uno de mis medios de expresion.
Algunas veces todavía la tomo entre mis manos y hago un par de disparos… por pura nostalgia.
En estos años han pasado otras cámaras por mi vida, equipos que vinieron y se fueron. Pero la Rebel T3 no se mueve, se queda porque no es solo plástico y circuitos viejos; es el recordatorio físico del día en que tuve la oportunidad de saber quién quería ser.
Y por lo que representa, sé que jamás se va a ir.
¿Recuerdas cuál fue tu primera cámara?


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