Trabajar de noche tiene algo extraño. La ciudad se queda en silencio, las ventanas se convierten en espejos y, después de suficientes horas frente a una pantalla, uno empieza a desconfiar incluso de lo que ve.
En esta Noche de Nictonautas, un diseñador gráfico de Ciudad de México descubre una anomalía casi imperceptible en la puerta de cristal al fondo de su departamento: su reflejo tarda una fracción de segundo en repetir sus movimientos.
Al principio parece cansancio.
Después deja de parecerlo.
Y cuando finalmente comprende que aquello solo ocurre durante las noches en que trabaja para un cliente muy particular, ya es demasiado tarde para seguir fingiendo que no pasa nada.
Un relato sobre desvelo, trabajo nocturno y esas pequeñas fallas de la realidad que quizá sea mejor no mirar directamente.
Porque a veces lo inquietante no es que aparezca algo en el espejo.
Es descubrir que aquello que está ahí ya no necesita imitarte.
Bienvenido a la Noche 003 de Nictonautas: Mi reflejo dejó de imitarme.
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