Mi viejo bajo Eagle
En las vacaciones de cuando estaba en preparatoria trabajé, ahorré prácticamente cada centavo para comprar mi primer bajo: un Eagle de cuatro cuerdas y un amplificador de 15W. De eso hace ya 20 años.
Hace un par de semanas me llevé mi viejo Eagle de casa de mis padres. No lo empaqué cuando me mudé hace unos cuatro años.
No hay día que no escuche música. The Number of the Beast me sigue erizando la piel; el breakdown de Domination me llena de euforia como la primera vez que lo escuché. Pero había olvidado lo que se siente acompañar esas pistas.

Volver a tocar
Hace 20 años empecé a aprender el instrumento y pasé por el tema obligatorio para los bajistas: Seven Nation Army. Al menos en mi caso, no me gustaba, pero era de las pistas más fáciles de aprender… eso o Blitzkrieg Bop, de Ramones.
Me obsesioné con aprender y dominar mi instrumento (es fácil cuando tu única responsabilidad era la escuela, ¿no?). Practicaba día y noche y pronto llegué al punto de tener una banda y coverear Slayer, Pantera, Metallica, Sepultura…
Así pasé toda mi adolescencia: en bares, tocando para grandes multitudes de hasta 50 personas. Incluso llegamos a grabar un par de pistas y alguno que otro video que está en YouTube. Varios años después, el sueño del músico terminó y tocar se volvió una práctica ocasional.



Veinte años
Cuando traje mi bajo, me puse a desempolvar algunos temas: Creeping Death, Lucretia, Arise…
Sentí el rock and roll en mis venas.
Seguí practicando, a ratos; lo que mi vida adulta me permite.
Y mientras terminaba de aprenderme Should I Stay or Should I Go, de The Clash, caí en cuenta: por estas fechas, mi viejo Eagle cumplirá 20 años conmigo.
Veinte años ya se escuchan serios… importantes.
La chamarra
Volteé al perchero y vi mi vieja chamarra de cuero. La que me acompañaba a todos mis conciertos. La que me protegía del frío de las madrugadas cuando salíamos de los bares de rock y metal con instrumentos al hombro.

La que también me acompañó cuando empecé a montar motocicletas.
La que mi hermana me regaló, también hace unos 20 años.


Lo perdurable
Creo que con el paso del tiempo es más fácil dimensionar el pasar de los años. No es lo mismo decir “tengo este bajo desde que tenía 16 años” cuando tienes 21 o 22, que cuando tienes 36.
Entonces entendí la importancia de lo perdurable. Lo que lo efímero no te da: historia.
Mirar y tocar mi Eagle, oler mi chamarra de cuero, me obliga no solo a recordar mi etapa como músico adolescente, sino también a revivir un fragmento de mi vida.
No solo es recordar. Es materializar el tiempo.



Estos dos objetos llevan más de la mitad de mi vida conmigo y ahora todo cobra sentido.
Hoy me es fácil comprender por qué mis padres guardaron mi primera chamarra de cuero, de cuando tenía unos cinco años, y mi primera guitarra acústica, que debe tener más o menos la misma edad.
En este punto, ya no hablamos de objetos: hablamos de historia y tal vez por eso se guardan estas cosas…
Para que el tiempo no se vaya del todo.

Imprimiré 5 copias de esta fotografía en papel de arte, para quienes quieran llevar un pedazo de esta atmósfera a su propio espacio. Si te interesa, escríbeme

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