Joy-Con de Nintendo Switch 2 descansando sobre el asa de una maleta negra, iluminado por una luz cálida sobre un fondo oscuro. La fotografía simboliza el regreso a un hobby que permanecía guardado desde la infancia.

Por qué comprar una Nintendo Switch 2 me salvó del scroll infinito

De nuevo Vinilandia

Vinilandia es probablemente mi podcast más constante. No por mí, sino porque Curro nos regala un nuevo episodio cada pocos días.

En su programa número 100 (que por cierto, felicidades Curro) tiene como invitado a Fermín IV (ex Control Machete) para hablar sobre Let It Be, de The Beatles.

Una de las primeras preguntas de la charla, fue: “¿Crees que The Beatles duró muy poco?”. La conclusión es que diez años y doce álbumes no es poco.

¿Cómo es posible que, con solo diez años de carrera, sean una de las bandas más influyentes de la historia?

Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Sex Pistols, Queen… también tuvieron carreras relativamente cortas y, aun así, dejaron un legado que hace sentir que estuvieron en activo durante décadas.

Hay obras que duran mucho más que quienes las hicieron.

Compré una Nintendo Switch

Nunca había tenido una consola de última generación. La NES la tuve cuando ya existía Playstation; el SNES, cuando estaba por salir el PS2, y el PS1 lo tuve un par de años después. Todo se encareció tanto que, para cuando «tocaba tener» el PS2, ya no podía pensar en que mis padres me la compraran.

En mi infancia exprimí todo lo que pude mis consolas. Ya de adulto, y con la posibilidad de comprarme una, creo que el espíritu gamer se había enfriado tanto que nunca adquirí una nueva.

Jugaba de forma casual en el móvil y en mi MacBook. Nada serio. Aun así, siempre estaba esa vocecita diciendo:

“Compra una consola”.

Llevaba un par de semanas jugando Identity V por las noches, mientras mi esposa dormía a nuestra hija. Antes de eso, ese tiempo lo dedicaba a hacer scroll en redes sociales.

Cuando empecé a jugar, noté algo diferente: terminaba mucho más relajado que después de pasar el mismo tiempo pegado al móvil.

Esa fue mi justificación para comprar la Switch 2… y me arrepiento de no haberlo hecho antes.

Desde entonces forma parte de mi rutina.

Sentarte frente a una consola implica poner toda tu atención en un objetivo. Las partidas tienen un principio y un final. Cuando terminas, queda la sensación de haber cerrado un ciclo; muy distinta al scroll infinito, que casi siempre termina sobreestimulándote.

Quizá por eso me he mantenido más tiempo lejos del móvil.

Además, todavía tengo pendientes muchos títulos que nunca pude jugar.

¿Y las creepypastas?

Descubrí el canal de una creadora llamada unafuentesita. Solo tiene un video publicado al día de escribir este newsletter (por lo que entendí, hace contenido corto en otra plataforma y ahora está migrando a YouTube).

El video se llama ¿Qué le pasó a las CREEPYPASTAS? y habla sobre el origen, la evolución y el declive de este formato dentro del terror.

Desde los primeros minutos describe una escena que seguramente a más de uno nos provoca nostalgia: cómo consumíamos contenido de terror en internet hace un par de décadas.

Recuerdo descubrir las creepypastas en un cybercafé (un lugar al que ibas a rentar una PC con conexión a internet). Bastaba con escribir en el buscador “historias de fantasmas reales” para que aparecieran Jeff the Killer, Los niños de ojos negros, La niña fantasma flotando en un pasillo, Los hombres sombra y, por supuesto, Slenderman.

Realmente no estabas en un ambiente tenebroso. Siempre era de día. Nunca estabas solo. Pero los pequeños cubículos cubriendo tu pantalla eran más que suficientes.

Cuando te ponías aquellos audífonos de diadema (que a veces funcionaban y a veces no) ya no había vuelta atrás. Sentías que estabas leyendo y viendo cosas que no debías.

Así era el terror a mediados de los 2000.

Hace tiempo escribí sobre Videos de fantasmas reales y el destierro de los seres mágicos de YouTube. Entre la nostalgia que me provocó volver a jugar videojuegos y el video de unafuentesita, no pude evitar pensar en cómo era la vida hace algunos años.

Hace unas semanas me mudé de departamento. Un cambio así siempre obliga a revisar todo lo que tienes y, de paso, a revisar una parte de tu vida.

Quizá por eso este Recortes terminó hablando de The Beatles, Nintendo y las creepypastas. No porque sigan aquí, sino porque, de alguna forma, siempre han estado presentes.

A veces hace falta mover unas cuantas cajas de cartón para recordar qué es lo que de verdad vive en nuestra cabeza.

Si entraras a tu propio «cybercafé mental», ¿qué recuerdo o hobby del pasado te darías cuenta de que nunca terminó de irse?

Me encantaría leerte.

P.D.: Te dejo la anterior entrada del blog. Un recordatorio fotográfico de que las cosas más increíbles de nuestro día a día no necesitan Wi-Fi, solo un poco más de atención.